Ataque de Pánico

¿Qué es?

También llamado crisis de angustia , se caracteriza por la irrupción repentina y sorpresiva de un episodio agudo de angustia y ansiedad. Se asocia a una serie de frecuentes síntomas corporales de variable intensidad, entre otros: palpitaciones, dificultad respiratoria, aceleración del ritmo cardíaco, sudor, sofoco, opresión en el pecho y mareos. La persona vivencia la sensación de que su cuerpo y su psiquismo van a estallar, debido a la abrupta y descontrolada elevación de todas las funciones del campo físico y mental. En esta instancia el pánico queda ligado directamente al peligro de muerte inminente. El punto máximo de elevación de la crisis puede alcanzarse en pocos segundos y durar algunos minutos. Debido a la cantidad de síntomas físicos, es habitual la consulta en un servicio de urgencia médica y que al momento del examen, ya pasados varios minutos, el paciente se encuentre estable. Con frecuencia luego de algunos incidentes, de no haber causas orgánicas, el médico indica tratamiento psicológico.

¿Cuándo aparece?

Lo más llamativo y curioso para el paciente es que estas crisis aparecen ante situaciones que desde la “lógica racional” no conllevarían ningún riesgo o peligro. Sin embargo, las funciones de “alarma” físicas y psíquicas aparecen como si así fuera. Este es un punto fundamental: la reacción es ante una situación de extremo peligro, pero ¿cuál? Este desconcierto es en sí mismo otra fuente de angustia para la persona afectada. Así, su vida queda cada vez mas limitada, sería algo así como “si no se qué dispara el estado de pánico, eso implica que podría ser cualquier cosa”, por lo tanto empieza a encerrarse cada vez mas, el mundo entero se torna un posible peligro. En el caso extremo se establece un estado de agorafobia, en donde ya no es posible salir de la casa.

Tratamiento

Ahora bien, que no halla una lógica racional no significa que no halla una lógica en juego. El problema es que el paciente afectado de angustia (desde niveles mínimos hasta el pánico) acerca de esta lógica nada sabe. No le es accesible. En el mejor de los casos, puede llegar a enunciar algunos elementos que podrían estar relacionados con los disparadores, pero desordenadamente y en forma parcial, sin poder establecer los nexos necesarios para que desaparezcan los síntomas. Allí es donde juega su papel el terapeuta, quien escuchando los relatos del paciente comienza a armar el guión, el libreto de aquello no sabido que pone en marcha los episodios de angustia. Es a través de la palabra que aquello que parecía no tener un sentido comienza a ser comprendido.

En cuanto a medicación, el tema es variable y caso por caso. En mi experiencia cuando las crisis son muy agudas la utilización momentánea de algún ansiolítico puede llegar a utilizarse. Habitualmente, en esos casos, a medida que avanza el tratamiento psicológico la dosis va reduciéndose hasta ser cancelada por completo. Ahora bien, sea el caso que sea, lo que siempre hay que recordar es que la medicación ayuda a disminuir el nivel de ansiedad pero no modifica las causas que producen dicho estado.

 

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